Conferencia: Gabriel García Márquez y su escritura embrujada

Conferencia presentada en Las Américas

Este invierno estaba resultando largo e intenso, sobre todo para nuestras almas latinas, acostumbradas a lo cálido y sureño,,,  Ni que decir tiene, pues, que, especialmente este año, estamos disfrutando plenamente de la primavera…

Pues nada mejor para olvidar las nieves y los fríos que  nos han estado helando hasta hace muy poco, que zambullirse en la buena literatura de nuestros congéneres. Y uno de los mejores es sin duda Gabriel García Márquez, Gabo para los amigos y para tantos buenos lectores suyos, entre los cuales nos incluímos. Sirva esta conferencia como modesto homenaje y para subrayar nuestra profunda admiración por su obra y su persona…

La conferencia de María Elena Vaz consiguió satisfacer nuestra curiosidad acerca de cuestiones que no suelen ser tratadas  muy a menudo, anécdotas infantiles y juveniles del autor que marcaron profundamente su posterior trayectoria literaria y  que plasmó en sus relatos a través de esa pluma mágica que ha dibujado personajes tan únicos y peculiares.

Gabo nace en 1927 bajo una lluvia torrencial, curiosa coincidencia, como la que asola a Macondo durante cuatro largos años y como la que empezaba a caer el pasado jueves santo en el momento de su muerte. El ciclo se cierra bajo gotas de agua…  Pronto va a vivir con sus abuelos, Nicolás y Tranquilina. Él, un hombre práctico, amante de la política, de las cosas concretas y metódicas. Ella, cegatona, todo lo contrario: fascinada por el más allá, no para de contar historias fantásticas de héroes, muertos y magia.

A la edad de 13 años conoce a Mercedes Bacha, que más tarde se convertirá en su esposa, su único y verdadero amor y fiel compañera de vida hasta el final.

Por insistencia de sus padres, Gabo estudia Leyes aunque en lo más profundo de su ser lo que realmente desea es contar relatos y ser escritor. Ha vivido en Europa, especialmente en París, donde se ha codeado con grandes artistas, pintores, escritores, escultores… con quienes ha compartido numerosas inquietudes intelectuales y, al mismo tiempo, políticas ya que en sus países respectivos, durante su ausencia, se están viviendo situaciones históricas, momentos gloriosos pero igualmente golpes de estado y protestas, que ellos, a pesar de la distancia, siguen muy de cerca y con sumo interés.

En el libro que nos incumbe, Cien años de soledad, encontramos, como tan acertadamente decía la conferenciante, muchísimas similitudes con la vida real de Gabriel, con comportamientos y caracteres de su familia: Úrsula es ciega, como Tranquilina, por ejemplo. Y  con la sociedad que le rodea: a Macondo, esa ciudad imaginaria, llegan cada año los gitanos,  único contacto con el mundo exterior, que plantan su carpa y muestran sus nuevos y sofisticados inventos. En ese tema, sin ir más lejos, empieza ya el autor a dar rienda suelta a su imaginación (consigue animar lo inanimado) y a todo aquello que había oído de la abuela y comienza a desarrollar ese mecanismo literario tan suyo que es el Realismo Mágico, la exageración estética de la realidad, utilizando como vehículo para tal fin el inmenso poder de la palabra.  Lo vemos igualmente en esos habitantes que van perdiendo poco a poco la memoria hasta llegar a esa situación brutal de olvidar sus nombres e incluso que existen (véase más adelante cómo el color amarillo es recurrente en su obra. Si analizamos algunas culturas antiguas, la griega por ejemplo, ese color es símbolo de olvido y olvidar es morir…).

Otro concepto esencial para entender sus relatos es Lo Real Maravilloso Americano,  que Alejo Carpentier define como con un acto de fe y que en Europa dio lugar a toda una corriente, el Surrealismo.

Gabo reúne creencias y detalles que conjugan de manera “perfectamente maravillosa” lo indio, lo negro y lo blanco. O esa otra teoría de que si creemos fuertemente en algo, de manera casi automática, eso empieza a existir.

También muy utilizada por él es la técnica literaria, que ya utilizara Cervantes, Del Macro al Micro, lo grande contiene lo mediano y se va reproduciendo en cosas más pequeñas, a la manera de una matriochca o muñequita rusa, y así nos va desvelando rasgos y hechos desde el año 1 hasta el 100.

De la misma forma podemos identificar su inspiración en los Manuscritos de Melquíades, que hay que lograr descifrar (están en sánscrito) porque en esos pergaminos estaba ya escrita la historia de Macondo:

 “Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo… porque las estirpes condenadas a 100 años de soledad no tenían una segunda oportunidad en la tierra”. 

Todos esos personajes están condenados a una muerte en soledad, como les ocurrió a muchos miembros de su familia en la vida real.

Y podríamos seguir durante horas analizando sus figuras retóricas, sus distonías verbales y sus fascinantes artimañas literarias a lo largo de todo el libro. Les invito, pues,  a leerlo una segunda vez, o una tercera o una quinta, y no se cansarán de descubrir nuevos y fantásticos elementos. Muchas gracias, María Elena, nos has abierto el apetito de profundizar aún más en esta intrigante historia llena de mensajes.

Cuando en 1982 García Márquez recibió el Premio Nobel, entre sus infinitos agradecimientos, dijo: “si ya me han concedido este preciado y máximo galardón, se me avecina un enorme compromiso ¿qué hago yo a partir de ahora para no repetirme y no defraudar a mis lectores?”

La presentación, que dio paso a interesantes comentarios e interpretaciones de los asistentes, concluyó con “Mariposas amarillas”, una rítmica canción enteramente dedicada a Macondo y que revela el significado simbólico del amarillo para nuestro autor. Mercedes le cortaba flores amarillas y se las ponía cada mañana en su escritorio, donde le han servido de inspiración durante toda su vida. María Elena también quiso reproducir ese momento para nosotros colocando en la sala flores amarillas.

Para terminar, permítanme hacerlo con una  frase de Gabo con la que nuestra experta comenzó su conferencia y que me parece preciosa y llena de contenido:

“La vida no es lo que uno vivió sino cómo la recuerda para contarla”

Muy cierto ¿no les parece?

Pilar Marín
LAS AMÉRICAS