Yo, El Librero. Colofón a Metropolis Bleu 2013

 Soy El Librero, y mi tarea no deja de estar investida de cierto tinte de heroísmo. Nací en un pasado que ahora me parece remoto y vivo en un presente que nunca imaginé más futuro. Mi tendencia a conservar y perpetuar ciertos ritos de mis mayores me adscribe, muy a mi pesar, al grupo de los Anacrónicos, el de aquellos que todavía gustan de sentir el peso de un libro entre sus manos, de pasar sus páginas con una ligera y sutil rotación de la muñeca, de apreciar la sonoridad y la textura del papel en su roce con los dedos, de integrar el texto en el contexto de la geografía de ese continente que es el libro. Un continente de una vastedad sin límites, poblado por personajes a veces tan reales como los seres nacidos del vientre de una mujer, y en ocasiones tan imposibles que tan solo la capacidad de persuasión del escritor en su arte de tejer tramas y palabras les otorga el gran privilegio de existir.




El escritor nicaragüense Sergio Ramírez  poco antes de ser galardonado con el Premio Metrópolis Azul 2013

Brujos y magos de la palabra; hechiceros de la vieja casta de los escribas son quienes, a lo largo de la pasada edición del festival literario Metropolis Azul, nos han embrujado haciendo uso de sus ritos y sortilegios. Unos cuantos toques de sus “plumas mágicas” han bastado para subyugar a aquellos quienes, durante unos pocos días, decidimos abrevarnos de los manantiales de su escritura. Aún resuenan en nuestros oídos las voces de Ignacio del Valle, Sergio Ramirez, Gabriel Janer Manila, Mia Couto, Alejandro Saravia, Gilberto Flores Patiño, Maylis de Karengal…, combinadas todas ellas en una polifonía de lenguas y acentos que se diría especialmente diseñada para desmentir de una vez por todas el viejo mito de Babel.

Alejandro Saravia, Gabriel Janer Manila, Hug Hazelton, Sergio Ramírez y Gilberto Flores Patiño durante una lectura en español

Como remembranza de esos encuentros, fugaces unos, intensos otros, también nos quedan los libros, los de papel y tinta, que es como decir los de carne y hueso. Y en sus páginas de guarda, como una prolongación del alma del autor cristalizada en su personal caligrafía, una dedicatoria que quisiéramos creer impregnada de franqueza. Porque la literatura es un intercambio entre espíritus (Janne Teller, noviembre de 2007) y el libro un viaje a las profundidades del corazón humano (Ignacio del Valle, abril de 2013).
Ignacio del Valle y Diego Medina junto a los miembros del club de lectura Via Libri tras la presentación de Los demonios de Berlín

Soy El Librero, y mi tarea no deja de estar impregnada de cierto tinte de heroísmo, un heroísmo repleto de satisfacciones. Y si aún no has leído a Ignacio del Valle, Sergio Ramirez o Alejandro Saravia, no tienes nada más que pasarte por Las Américas, dónde estaré encantado de recibirte y ofrecerte las recomendaciones que necesitas. 

!Palabra de Librero!