OTRA VEZ ADIÓS. De Carlos Alberto Montaner

Austria, 1938. La ola de antisemitismo que recorre Europa alcanza límites extremos. Los judíos no pueden ocupar puestos públicos, prestar servicios profesionales a personas de otras razas, tener propiedades o casarse con arios. Ludwig Goldstein, joven judío poseedor de un talento innato para la pintura, es expulsado de la Academia de Bellas Artes de Viena por un grupo de estudiantes de las juventudes hitlerianas liderado por su antiguo amigo Vorlker Schultz.

Nace entonces David Benda, nombre con el que Ludwig decide ocultar su verdadera identidad al tiempo que entra en la clandestinidad de un grupo de resistentes que tratan de facilitar la huida a congéneres en peligro. Clandestina es también su relación amorosa con Inga, una joven de raza aria de la que espera un hijo. No obstante, la invasión y posterior anexión de Austria por Hitler y el reino de terror que éste acaba instaurando, lo obligan a abandonar Europa tras asistir a la deportación de sus padres y al asesinato de Inga y de su futuro hijo a manos de Vorlker Schultz y sus secuaces. Rumbo a Cuba a bordo del tristemente famoso barco Saint-Louis, Ludwig Goldstein será ya, irrevocablemente y para siempre, David Benda

Así transcurren las primeras 100 páginas de las casi 400 que comprende la cuarta y última novela del cubano Carlos Alberto Montaner. Una novela ambiciosa desde el punto de vista histórico por lo extenso del periodo abarcado -sus páginas nos transportan hasta los Estados Unidos de finales de los ochenta- y la profusión de detalles con los que describe la vida sociopolítica y cultural de los diferentes ámbitos en los que hace evolucionar a sus personajes, muy particularmente, de la Cuba de los años anteriores al triunfo de la revolución cubana. En su calidad de afamado retratista, David Benda será testigo, en efecto, de hechos cuya importancia y simbología siguen perdurando en esta segunda década del nuestro siglo XXI.

Especialmente acertado resulta el empleo de figuras históricas de la talla de Sigmund Freud, Hemingway o Fulgencio Batista, a las que Montaner permite expresarse en primera persona, astucia retórica ésta con la que logra conferir un carácter de mayor realismo y autenticidad a los hechos relatados. El manejo de una prosa franca y sin asperezas, ajena a todo artificio, así como la abundancia de diálogos que sirven de contrapunto polifónico a la voz del narrador, convierten la lectura de Otra vez adiós en una experiencia sumamente amena e intensa.

Más allá de su simple valor literario, y como ya ocurriera con su anterior novela La mujer del Coronel, la escritura de Otra vez adiós también obedece a una clara tendencia a poner de manifiesto las perversiones de los regímenes totalitarios con independencia del signo político de éstos. En tal sentido, y salvando toda proporción, al lector le será cómodo establecer ciertas analogías entre el régimen nacionalsocialista alemán y el Castrismo. ¿Cabría hacer algún reproche a esa prerrogativa que otorga la ficción literaria de revisar y elucubrar sobre el Hombre y su Historia?

Por Francisco Hermosín

Disponible en Las Américas