El Último Lector- David Toscana

Crónica presentada en Radio Centre Ville de Montreal por Francisco Hermosín.

David Toscana  nació en Monterrey, México, en 1961. Ingeniero de formación, decide un día dedicarse a la literatura como una forma de comprender mejor la historia, la tradición y las gentes del norte de México. Su obra se caracteriza por la omnipresencia del fracaso, la soledad, la muerte y está habitada por personajes enfrentados a la dureza de una tierra árida y desolada que los somete a duras pruebas. Es autor de unas seis novelas que se han traducido a más de 13 idiomas y merecido diversos premios como el Antonin Arteaud de narrativa.

A nivel internacional, se le considera como uno de los narradores más destacados de la literatura mexicana actual. El último lector es fiel reflejo de lo anterior.
La acción se sitúa en Icamole, una aldea ubicada en el norte de México, donde está por cumplirse un año desde la última lluvia. Remigio, que es el poseedor del único pozo al que aun le queda un poco de agua, descubre una mañana en el fondo del mismo el cadáver de una niña de unos 12 años. Casi simultáneamente, corre la noticia de que se trata de la hija de una dama viuda de visita en el pueblo vecino. Temeroso de que se le acuse de la muerte, Remigio decide ocultar el cadáver entre las raíces de un aguacate siguiendo los consejos de Lucio, su padre. Lucio es bibliotecario depuesto, (la biblioteca ha sido cerrada por falta de lectores y de recursos), que nada en la miseria, pero también un lector compulsivo para el que todos los sucesos del mundo real se encuentran contenidos en los libros. De hecho, Lucio reconoce en la niña muerta a la Babette del libro de Pierre Lafitte: La muerte de Babette y Remigio no puede sino sorprenderse cuando su padre le lee algunas páginas.

Apoyándose en la memoria de los cientos de libros que ha leído, Lucio es capaz de intuir los movimientos de los diferentes personajes que lo acompañan en la novela: el del presunto asesino, el de los policías encargados de la investigación, o el de la madre de la niña, gran lectora como él y a la que intentará seducir; pero también, el modo de reaccionar ante las situaciones que van sobreviniendo tratando con ello de manipularlas en su favor.

Sin embargo, El último lector no es una novela policíaca. El culpable está decidido de antemano y la intriga brilla por su ausencia. Se trata, más bien, de un profundo análisis del alma de Lucio, torturado por la muerte temprana de su mujer. Los libros acumulados en la clausurada biblioteca son los verdaderos pobladores de su universo, dedicando todo su tiempo a leerlos y a juzgarlos, no solo en función de su calidad literaria, sino también en cuanto a su adecuación a ese universo.

Es también, una crítica sincera sobre la esterilidad e inutilidad de gran parte de la literatura contemporánea. Como botón de muestra, este corto extracto de la página 107 en la que Lucio comenta a la madre de la niña:

Leo los libros uno por uno antes de decidir si los pongo en los estantes o lo mando al infierno (Pieza cerrada de su casa, plagada de cucarachas y otros insectos, en la que arroja los libros desechados con el ánimo de que sean destruidos.) ¿Sabía usted que de veintiocho paginas que se publican solo se lee una? Porque hay libros que se regalan a gente que no leen, porque caen en una biblioteca sin usuarios, porque se adquieren para abultar un librero, porque se obsequian en la compra de otro producto, porque el lector pierde interés desde el primer capitulo, porque nunca salen de la bodega del impresor, porque también los libros se compran por impulso. Yo acabo de deshacerme del Otoño de Madrid,… Para que un tedio como ese llegue a Icamole se requiere de la complicidad de autor, correctores, editores, impresores, libreros y hasta lectores; eso sin contar a la pareja del escritor que le dice si, mi vida, tú si escribes muy bonito. Delincuencia organizada…

No falta tampoco un poquito de humor en todo esto.

El ultimo lector es una historia totalmente surrealista, que explota los recursos propios del realismo mágico para hacer que se desvanezcan por completo las fronteras entre nuestra realidad de lectores, la ficción propiamente dicha de esta novela y la de los numerosos libros de los que Lucio nos habla, que dicho sea de paso, han sido todos ellos inventados por el autor David Toscana. Como ven, un libro que no es de fácil lectura, pero que debido a su gran originalidad y a la prosa contundente de su autor, nos mantiene embelezados hasta la última página.