El país de la canela – William Ospina (Colombia)

Crónica presentada en Radio Centre Ville por Francisco Hermosín.

Lo primero que me llamó la atención de este libro fue lo atractivo de su título, que me hizo pensar en un país como la India. Me equivoqué solo en parte puesto que, si bien la trama no se desarrolla en esa región del mundo, si que tiene lugar en lo que durante mucho tiempo se dio en llamar Las Indias Occidentales.
Se trata, por lo tanto, de un episodio de la conquista de América que nos es narrado en primera persona, a modo de crónica, por un testigo y partícipe en los hechos, Cristóbal de Aguilar. De él nos cuenta que nació y habitó la isla de La Española (actuales República Dominicana y Haití), que su madre murió en el parto y que su padre fue uno de los hombres de confianza de los Pizarro durante la reciente conquista del Perú. El padre ausente, su crianza queda al cargo de una nodriza llamada Amaney y sus posesiones y educación al cuidado de uno de sus mejores amigos. Al fallecer éste, Amaney confiesa ser su madre y con poco más de 18 años decide partir al encuentro de los Pizarro para reclamarles la fortuna que por derecho de conquista hubiera debido corresponder a su padre.
Hernando Pizarro está dispuesto a satisfacer sus reivindicaciones, pero a cambio de que participe en la expedición que se dispone a emprender, acompañado de más de 200 españoles y unos 4000 indios, en busca del País de la canela, un territorio supuestamente cubierto de miles de árboles de esta especia que, en aquella época, tenía tanto valor como el oro.
Lo cierto es que tal país acaba siendo una simple quimera, una inconmensurable parcela de selva extraña y peligrosa para todos, como se desprende de estas cuantas líneas que a continuación les transcribo:
“Acostumbrados a las alamedas y los olivares, a los robledales y los pinares que se encuentran al otro lado del mar, Gonzalo Pizarro ignoraba… que esta región del mundo no produce bosques de una sola variedad de árboles, y nada le parecía más natural que hallar un interminable bosque de canela. Pero aquí, en el suelo más estrecho, proliferan árboles y plantas diferentes, y cuando Pizarro llego con sus tropas a la región que le habían anunciado los guías indios, donde esperaba encontrar caneleros sin fin, solo halló entre la selva árboles espaciados de una canela nativa, de sabor semejante, pero que no justificaba la búsqueda porque no podía aprovecharse para negocio alguno”.
Este desengaño provocará, por un lado, la ira de Gonzalo Pizarro, que creyéndose engañado por los indios que lo guían somete a tortura y da muerte a cientos de ellos, y, por otro, será el origen de otra de las grandes empresas de la conquista, el descubrimiento y descenso del río Amazonas, que es lo que constituye el eje fundamental de este relato.
Tras este fiasco, Pizarro manda construir un barco en el que se embarcan unos 50 hombres al mando de Francisco de Orellana, y lo que debió ser una expedición de reconocimiento y búsqueda de vivieres, acaba siendo un viaje de más de10 meses hasta el océano Atlántico. Nunca ha quedado claro si el abandono de Pizarro por Orellana fue un gesto intencional o un hecho fortuito. Lo cierto es que Pizarro se ve obligado a volver por el mismo camino sufriendo mil penalidades, lo que de hecho también fue el caso para Orellana y los suyos.
Cristobal de Aguilar, el narrador mestizo dentro de la novela,  quien revive a su manera todos estos hechos, es un personaje de ficción. En realidad, Ospina se basa en las dos fuentes fundamentales de las que disponen los historiadores: la crónica de fray Gaspar de Carvajal, que acompañó a Francisco de Orellana en su exploración del Amazonas (testigo ocular por tanto), y en la Historia general y natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo, que contiene, además, algunas entrevistas a Orellana y a algunos de sus hombres.
A pesar de ser una novela de gran contenido histórico, William Ospina ha sabido describir los hechos de una forma intensamente amena, utilizando para ello un lenguaje entre musical y poético casi tan oloroso como la canela. Su discurso es coherente y sin muchos altibajos, lejos de cualquier posición maniqueísta en la que hubiera sido fácil caer, lo que no le ha impedido mostrar una cierta dureza al tiempo que una gran apertura de espíritu a la hora de reflexionar sobre los mismos.
Junto con su precedente novela, que lleva por título Ursúa, y una tercera que será publicada el próximo año 2011, y que se titulará La serpiente sin ojos, Ospina dará por finalizada su trilogía sobre los viajes al Amazonas durante el siglo XVI.