El heroe discreto de Mario Vargas Llosa

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Piura y Lima son las dos Ciudades peruanas en las que se desarrollan las dos historias paralelas de las que se compone esta última novela de Mario Vargas Llosa.

 Por un lado, la de Felícito Yanaqué, pequeño empresario de 52 años, propietario de Transportes Narihualá, súbitamente convertido en una de las personalidades más conocidas de Piura. Su universo, en cuyo centro gravita su joven querendona Mabelita, bálsamo que colma el vacío afectivo existente en la relación monótona y distante que mantiene con su esposa y objeto de sus apetitos carnales, se derrumba el día en que recibe una carta anónima en la que se le conmina a pagar la cuota a una organización criminal so pena de ver destruido el fruto de toda una vida de dedicación y trabajo. Su decisión es inapelable: no pagará un solo céntimo aún a riesgo de perderlo todo, incluso la propia vida.

Por otro, Ismael Carrera, viudo octogenario, propietario de una de las aseguradoras más importantes de Perú quien, a pesar de su avanzada edad, deja un día asombrados a propios y a extraños al tomar la decisión de contraer matrimonio con la que hasta entonces fuera su empleada doméstica, una muchacha provinciana mucho más joven que él. Sus hijos, Miki y Escobita, dos sinvergüenzas que ven peligrar la suculenta herencia que ya daban por adquirida, harán uso de todo tipo de bajezas y ruindades con tal de invalidar lo que ellos consideran un “braguetazo”. 
Ambos personajes tratarán de hacer frente a las amenazas y contrariedades que les atosigan, no solo estimulados por el ardor que emana de una integridad y una moral inquebrantables, sino animados también por el recuerdo de un hecho fundamental que habrá de determinar sus vidas. A Felícito Yanaqué le repulsa la sola idea de deshonrar la memoria de su padre desatendiendo el consejo recibido de éste, ya en su lecho de muerte, tras una dura vida de sacrificios empleada en convertirle en el hombre de provecho que ahora es: “Nunca te dejes pisotear por nadie, hijo. Este consejo es la única herencia que vas a tener”. Ismael Carrera encuentra las fuerzas necesarias para sobrevivir a un infarto cuando, al borde de la muerte, tendido en su cama de un hospital, escucha a sus hijos celebrar su inminente desaparición. De un modo u otro, Felícito Yanaqué e Ismael Carrera se convierten en uno de esos héroes discretos de los que, obviando cualquier comparación, cada uno de nosotros debe conocer más de un ejemplo.
En torno a ambos, una pequeña cohorte de personajes bastante conocidos de los lectores de Mario Vargas Llosa: Don Rigoberto, Doña Lucrecia y Fonchito (Los cuadernos de Don Rigoberto y El elogio de la madrastra), o el entrañable cabo Lituma. Como socio y amigo de Ismael, Don Rigoberto lo apoya en la “venganza” que éste decide tramar contra sus hijos a sabiendas de que también él deberá hacer frente a la coacción y provocaciones de éstos. Lituma, de vuelta a Piura tras años de servicio itinerante en diversos lugares de Perú, será el encargado, junto al capitán Silva, de encontrar a los responsables de las amenazas de extorsión recibidas por Felícito Yanaqué. 
Vargas Llosa emplea una prosa bien trabajada, salpicada de diálogos en los que las intervenciones de los diferentes personajes se entremezclan y concatenan violando los esquemas espaciotemporales habituales, lo que no deja de imprimirles un particular efecto amplificador de su interés. El propio Vargas Llosa, en tanto que narrador de El héroe discreto, califica la trama de su novela en los siguientes términos: 
“Dios mío, qué historias organiza la vida cotidiana; no eran obras maestras, estaban más cerca de los culebrones venezolanos, brasileños, colombianos y Mexicanos que de Cervantes y Tolstoi, sin duda. Pero no tan lejos de Alejandro Dumas, Émile Zola, Dickens o Pérez Galdós”. 
A ti, lector, el juzgar y decidir hasta qué punto el premio nobel peruano tiene o no tiene razón.
Toda la información sobre el autor y su obra en el sitio oficial de Mario Vargas Llosa.

Francisco Hermosin
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