CRÓNICA: LA ISLA DEL POETA DE JORDI SIERRA I FABRA

Disponible en Librería Las Américas.

Este libro es una historia que no sigue un esquema argumental clásico, porque trascurre en el espacio de una sola noche, y en la que se puede decir que tan solo existen dos personaje, puesto que el resto de ellos no son otra cosa que una simple comparsa, unos discretos acompañantes con los que tan solo nos vamos a encontrar al principio y al final de la misma.

Al principio, nos encontramos con Isa, una chica de 19 años que ha hecho un largo viaje desde su Barcelona natal para llegar hasta una diminuta isla, una de las pocas de las que se compone un pequeño archipiélago situado al suroeste Cartagena de Indias, en Colombia, que se conoce como Islas del Rosario. El autor no da el nombre pero yo he hecho una búsqueda en Google y he sabido que algunas de ellas son tan pequeñas, que apenas hay espacio para construir una casa.

Aquella a la que llega Isa alberga, no obstante, una pequeña población que sale a recibirla llena de curiosidad. Si embargo, Isa tan solo desea una cosa, aquella por la que se ha desplazado hasta allí tras varios años de espera y a pesar de las inquietudes de su madre: visitar al poeta, su poeta, un viejo llamado Isaac Estruch, cuya casa divisara, bajo un cielo que amenazaba tormenta, apenas la isla apareció en el horizonte.

“Fue la primera visión de la isla la que acabo de robarle el aliento. Un punto
lejano que iba acercándose a ella desde la distancia abierta en aquel mar tan
súbitamente plomizo y airado”….


Sobre Isaac Estruch existe toda una leyenda negra; un sinfín de historias que hablan de él como de un ogro huraño y misántropo que no permite que nadie proveniente del mundo exterior se le aproxime. Así que cuando Isa se planta frente a esa casa, situada en la zona más apartada de la isla, y llama a la puerta, el miedo a ser rechazada, o peor aun, a sufrir la ira de ese poeta maldito, la paraliza.

Y ciertamente, el encuentro es brutal. Isaac Estruch es un gigantesco ermitaño en el que destacan, sobre todo, sus manos grandes y curtidas, más propias de un carpintero o un pescador que de un poeta.

Se pueden imaginar la desesperación de la chica. ¡Después de tantos esfuerzos, y una vez frente a él, no solo es incapaz de confesarle los motivos que la han llevado hasta allí, sino de responder a la pregunta casi inquisitorial de Estruch!: ¿Quién eres?…

¿Como decirle, así, a bocajarro, que su poesía le había salvado la vida? ¿Que sus versos la animaron a luchar cuando con tan solo 14 años debió enfrentarse a la muerte en una sala de hospital y alguien le ofreció el primero de sus libros?

Se establece entre ellos un breve diálogo en el que el poeta utiliza munición dura, palabras bruscas y ariscas a las que la chica tan solo acierta a responder mostrándole el amor por su poesía, pero también una gran curiosidad sobre las causas que le llevaron a desvanecerse en el apogeo de su gloria. ¿Como era posible que el poeta más importante que España había dado en los últimos veinte años hubiera decidido enterrar su pluma para no volver a escribir un verso?

Isaac Estruch, desconfiado, y pensando que tiene ante si a una periodista, o peor aun, a una fan de su poesía, la acaba expulsando.

Fuera el mal tiempo arrecia. La tormenta que tan solo se insinuaba a su llegada a la isla se abate ahora sobre ella con la misma intensidad que el mal genio del poeta. Imposible de volver hasta la aldea de Pescadores en la que desembarcó, así que agazapada en su minúscula tienda de campaña, Isa trata de aguantar el temporal hasta que el fuerte viento y la lluvia reinantes la arrastran y debe ser rescatada in extremis por el poeta.

Se inicia entonces, una larga noche de conversación. A la luz de una vela y con el sonido de fondo del ruido causado por el temporal, Isa ira poco a poco abatiendo el muro de reticencias del que el poeta se ha rodeado. Cada vez con mayor serenidad, ambos pasarán revista a sus vidas y escarbarán en sus almas respectivas haciéndonos participes de sus impulsos y sentimientos, que por ser universales, son en definitiva los que todos compartimos: el miedo a la vida, el peso del éxito, la Soledad y el vacío, la perseverancia en la consecución de nuestros sueños y objetivos, o el valor de la amistad y del amor.

Es un libro ideal para los amantes de la poesía ya que la poesía se encuentra, omnipresente. Cada uno de sus 29 capítulos está precedido de un haiku (es un tipo de poema breve japonés) que anticipa el contenido del mismo sin desvelarlo; y los poemas, que supuestamente ha compuesto Isaac Estruch y que se intercalan en el texto, son utilizados por Isa como formulas encantatorias con las que tratar de llegar al corazón del poeta.

Es también una obra cargada de simbolismos y metáforas. Así, el largo viaje de Isa desde Barcelona es en realidad un viaje inicitico, que cobra mucha más importancia que el objetivo final del mismo, y que representa el transito hacia a la vida adulta. La vela que ilumina sus rostros durante esa noche, simboliza la fugacidad de la vida, aquella que consumimos poco a poco por el simple hecho de vivirla.

Hay una métafora importante: el poeta es una isla, una isla de sentimientos y emociones, y que como tal está cerrada a la masa. Hay que ser un verdadero naufrago, como lo es Isa, para poder penetrar en ella, en toda esa maraña de sensaciones y sentimientos y poder así degustar el fruto maduro que por medio de su poesía el poeta ofrece.

En este sentido, y para terminar, me gustaría contarles una anécdota, ocurrida durante la celebración de un conocido festival literario montrealense, en el que tuve ocasión de encontrarme con el poeta mexicano de origen español (tuvo que exiliarse a consecuencia de la guerra civil Española en 1936) Tomás Segovia. Pues este hombre me decía que no comprendía el sentido de la existencia de tales supermercados literarios, refiriéndose al festival al que había sido invitado, que su poesía, para ser comprendida, requería de muchísima intimidad. Yo le di más o menos razón, pero cuando por debilidad me atreví a pedirle un autógrafo, al que él accedió amablemente, me miró sorprendido y me dijo: “tu también Brutus, hijo mío”. Me di cuenta de que acababa de asesinar al Cesar, ya que estas fueron, según la historia, las palabras con las que Julio Cesar, se dirigió a su hijo adoptivo en el momento en el que este participaba en su asesinato a la entrada del senado de Roma.

Pero lo cierto es que en lectura, todos somos unos náufragos solitarios agarrados a la balsa de ese libro que leemos. Así que les invito a navegar hasta La isla del poeta” para adentrase entre sus paginas.

Y si quieren más información consulten la pagina web de Jordi Sierra i Fabra : http://www.sierraifabra.com/.

Crónica por Francisco Hermosín transmitida en Radio Centre Ville de Montreal