CRÓNICA: El Jardín de Hipatia de Olalla García


EL JADIN DE HIPATIA
Olalla García nació en Madrid en 1973, es historiadora de formación. Habla cinco idiomas y ha estudiado otras tantas lenguas muertas, lo que le permite acudir a los textos históricos originales y a las publicaciones de los mejores especialistas contemporáneos a la hora de documentar sus novelas. Sin embargo, a pesar la sólida documentación que es necesaria para un género tan exigente como lo es el de la novela histórica, lo cierto que la historia no pasa de ser uno más de sus personajes, aquel del que se sirve con el objeto de enmarcar a la verdadera protagonista, la naturaleza humana.

Es autora de otras dos novelas y compagina su actividad como escritora con la de la traducción literaria y la publicación de ensayos históricos en revistas especializadas.

Tiene una página web, que les recomiendo visitar si desean obtener más información sobre ella o sobre su obra.

El Jardín de Hipatia
Espasa Calpe 2009

491 p.
ISBN: 9788467031577

De venta en Librería Las Américas

La trama de esta novela se desarrolla en Alejandría a comienzos del siglo IV después de Cristo, más exactamente en los alrededores del año 415.

Ya no es la Alejandría de los grandes Ptolomeos, herederos de Alejandro el grande, su fundador, ni aquella de la famosa Gran Biblioteca, aunque sigue siendo un foco importante de cultura y saber, además de un motor económico vital para el Imperio Romano de Oriente (continúa siendo el granero gracias al cual come toda la gente de la capital).

Hay que decir, para situarnos, que el famoso Imperio Romano del que todos hemos escuchado hablar se acaba dividiendo en dos parte, la occidental, cuya capital seguirá siendo Roma, y la oriental, que tendrá por capital Constantinopla, la actual Estambul. El Imperio de Occidente desaparece con las invasiones bárbaras en el año 476, mientras que la parte oriental va a perdurar hasta el año 1453, tras caer en manos del Imperio Otomano.

En la época en la que transcurren los hecho narrados en esta novela, Alejandría se encuentra sujeta, por tanto, al poder de Constantinopla, donde si bien el emperador que ocupa el trono es Teodosio II, de tan solo 12 años de edad, (nieto del famoso Teodosio el Grande, aquel que proclamó el cristianismo como religión oficial del estado), lo cierto es que son su hermana mayor, Pulqueria, y el prefecto del pretorio, quienes se disputan la regencia.

Esta disputa tiene evidentemente su resonancia en Alejandría. De hecho, gran parte de la trama argumental de El jardín de Hipatia muestra la ciudad sumida en las luchas internas entre Orestes, el prefecto del emperador, que acaba de estrenarse en el cargo, y Cirilo, el obispo de la sede episcopal de Alejandría, quien de manera muy bien planificada trata de consolidar su posición dominante en materia religiosa eliminando primero a las facciones cristianas rivales y, más tarde, el judaísmo y los pocos focos de paganismo grecolatino que aun persistían en aquella época. Tras el control espiritual, Cirilo va a tratar de obtener el poder civil valiéndose para ello de diferentes subterfugios (muy bien descritos en la novela), incluyendo el militar.

Y es dentro de todo este tumulto donde se desarrolla el segundo hilo argumental de la obra, que tiene como protagonista a Atanasio, un joven de unos 25 años de edad originario de Cirene, una ciudad ubicada en territorio de la Libia actual. Atanasio pertenece a una importante familia de la aristocracia. Uno de sus miembros más influyentes es el obispo Sesenio, al que promete, en su lecho de muerte, que viajará hasta Alejandría con el objeto de completar su formación asistiendo a las clases de la famosa filósofa Hipatia.

A pesar de su juventud, Atanasio, que se encuesta siempre acompañado de su sirviente y amigo Saúl, no es ni cándido ni incauto. Todo lo contrario; curtido oficial del ejercito durante las guerras de defensa de su patria contra las tribus bárbaras, siempre se ha mostrado implacable a la hora de tratar a sus enemigos o de aplicar justicia entre los hombre bajo su mando. Sin embargo, es un hombre justo, con un elevado sentido moral, pero una moral de la época, no exenta de contradicciones que hoy en día consideraríamos inadmisibles (este es precisamente uno de muchos detalles que hacen verosímil el personaje). Pero sobre todo, Atanasio está dotado de tal agudeza de análisis que llega a percatarse enseguida de cuales son los intereses en juego en ese tira y afloja entre el prefecto y el obispo.

Sobre él corren también ciertos rumores que comprometen su nombre y que van a ser utilizados por algunos enemigos de su familia para acusarlo nigromancia y brujería. Sin embargo, gracias a su habilidad e ingenio, no solo consigue evitar el castigo del prefecto, encargado de juzgarlo, sino que se convierte en uno de sus colaboradores en su lucha contra Cirilo, lo que en fin de cuentas, no hace sino exponerlo a nuevos peligros.

Pero no acaban aquí las penas de nuestro protagonista. Quinientas paginas dan para mucho y la autora decide ponérselo aun más difícil con el ánimo de mostrarnos otra de las apasionantes facetas de la opulenta y fastuosa Ciudad de Alejandría, la del teatro y los espectáculos públicos, que en la época de la que hablamos, venían a ser uno de los instrumentos políticos más importantes con el que granjearse el apoyo del pueblo; hasta tal punto, que existía una especie de ministro encargado de su supervisión.

Atanasio, quien muy a su pesar será nombrado asistente de este ministro, conoce de este modo a la que pasa por ser la actriz más famosa de cuantas suben a los escenarios de Alejandría, Aspolia, cuyo amor se propone conquistar aun a sabiendas de que es el juguete amatorio (llamémoslo así) de Dámaso, el custodio del tesoro del episcopado. Al final va a tener que enfrentarse a éste, no solo en su afán por proteger a Aspolia, sino para atajar una importante maquinación que el lector deberá descubrir por sí mismo.

Se preguntarán ustedes donde está la famosa Hipatia.

Lo cierto es que Hipatia de Alejandría se encuentra presente a todo lo largo del libro de forma más o menos explícita. A veces toma la palabra, dialogando con alguno de los personajes principales, pero la verdad es que su filosofía impregna toda la obra. Como otros de los personajes citados, se trata de un personaje real. Natural de Egipto, fue miembro y más tarde líder de la Escuela neoplatónica de Alejandría, destacando, sobre todo, en los campos de las matemáticas y la astronomía (entre otras cosas perfeccionó el astrolabio, un instrumento utilizado durantes siglos en la navegación). Las fuentes históricas desvelan que el pretor Orestes fue uno de sus más fieles discípulos. En ese mundo en transformación en el que la nueva religión pugnaba por conseguir la total supremacía, acabó convirtiéndose en un personaje peligroso que no solo alumbraba el espíritu crítico, sino que vehiculaba ideas consideradas paganas. Es por ello que acabó siendo linchada en plena calle por una turba de facinerosos.

El jardín al que se refiere el título de la novela, es más bien una metáfora. Se trata, en realidad de toda la ciudad de Alejandría, donde durante su vida de esta filósofa, y bajo su influencia, florecieron numerosas ideas.

Esperamos haberles incitado a leer este libro en el que existen además cientos de máximas y aforismos sobre el saber y la condición humana.

Alejandro Amenabar (el director de cine español de quien muchos recordarán su película Mar adentro, protagonizada por Javier Bardem, en la que relataba el derecho a la eutanasia reclamado por Ramón Sampedro, enfermo tetrapléjico) se ha inspirado los hechos históricos que rodearon la vida de Hipatia para su último filme títulado Agora el cual fue nominado al máximo galardón del cine español, el de los Premios Goya.

Agora – Alejandro Amenábar – Trailer n°1
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