Continente libro

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Foto de fondo Walters Art Museum Illuminated Manuscripts 

Dos veces continente es el libro impreso. Lo es, en primer lugar, en su calidad de portador de contenido, de soporte o medio sobre el que queda fijado el trabajo creativo de ese tejedor de historias que es el escritor. Lo es además, y sobre todo, como espacio físico en cuya particular geografía se habrán de encontrar, a la vuelta de una página o tras un montón de palabras, el lector y los personajes que por ella transitan.

Continente libro; descubierto una y mil veces y otras tantas aún por descubrir, no importa el tiempo trascurrido desde su publicación, pues cada nuevo lector reivindicar puede la toma de posesión de su vasto territorio de ficción con tan solo posar sobre la página su inquieta mirada. La Mancha en Don quijote, Macondo en Cien años de soledad, o el pueblo de Matabueyes en Los años del sur, la geografía imaginaria de estas obras se confunde con esa otra física y real que conforman las páginas de un volumen y sobre la que se superpone.

la librería aún sigue siendo el lugar ideal en el que pasar unos momentos de tranquilidad y reflexión a la hora de elegir un buen libro.

Cabalgar no sabría el hidalgo de la Mancha sobre la superficie de cristal de una pantalla, no importa el artefacto al que ésta pertenezca; a lo sumo, tan solo flotar podría. De igual modo flota la atención del lector quien, carente de asidero, ve considerablemente mermada su capacidad de integrar un mapa mental de la lectura, y por ello, de recordar en detalle lo leído.

Continente libro; territorio inconmensurable cuya rica orografía mejor apreciar se puede en el marco de una librería. Bombardeados como estamos por esa infinidad de textos e imágenes vehiculadas por las redes sociales, la librería aún sigue siendo el lugar ideal en el que pasar unos momentos de tranquilidad y reflexión a la hora de elegir un buen libro.