Adiós a Gabo

Macondo ha perdido a su ciudadano más ilustre y los Buendía al miembro más notable de su familia. El realismo mágico ha quedado huérfano. Sin embargo, su semilla seguirá viajando y recalando en la fértil tierra de la imaginación de los futuros autores como lo ha continuado haciendo, hasta ahora, en la de muchos de los representantes de  la actual generación de escritores latinoamericanos.

Voces hay que comparan a Garcia Márquez con Miguel de Cervantes y Cien años de Soledad con El Quijote. Vano intento ese de querer aprehender la importancia de la obra marquiana recurriendo a símiles imposibles. Tanto Márquez como su obra se definen a sí mismos y nadie osará poner en duda el hecho de que, en lo que a la  historia de la literatura en lengua Española se refiere, habremos de hablar de un antes y un después de García Márquez.

También la literatura universal ha de guardar el luto. La obra de Márquez no admite límites; su esencia no entiende ni de lenguas ni de culturas porque habla del Hombre, de su Naturaleza y de su Historia. Y sin embargo…  es el genio del idioma, la extrema y depurada riqueza de nuestra lengua, lo que determina su talante sublime y único dentro de esa universalidad.

Vencido por los años y la enfermedad, Gabo ha acabado capitulando. Su espíritu ha abandonado el mundo de los sentidos para reposar, por siempre, en los bucólicos dominios del Parnaso. Su figura continuará siendo inmortal como inmortales lo son Macondo y todos los Buendía.

Texto: Francisco Hermosín